La campaña antiargentina ya no habla de fútbol: ¿a quién responde?

La derrota en la final amplificó una narrativa que mezcla deporte, redes sociales, política e identidad nacional.

En pocas semanas, la Argentina pasó de ser acusada de recibir supuestas ayudas arbitrales a convertirse, para miles de publicaciones en redes sociales y parte de la prensa internacional, en un país definido por conceptos como racismo, soberbia, xenofobia o violencia.

El fenómeno se desarrolló durante las últimas semanas del Mundial y continuó incluso después del subcampeonato. La pregunta ya no es únicamente por qué la Selección genera tanto rechazo, sino qué hay detrás de una campaña antiargentina que parece haber encontrado en el fútbol un vehículo para instalar una imagen negativa del país. 

No existe una respuesta única ni pruebas que permitan afirmar la existencia de una coordinación organizada, pero sí aparecen patrones, discursos repetidos y un crecimiento exponencial de mensajes que exceden ampliamente lo deportivo.

Del “ArgenFIFA” a los “malos perdedores”

Imagen: Aire de Santa Fe

Desde el comienzo del Mundial, miles de usuarios de distintos países sostuvieron que Argentina avanzaba gracias a supuestas ayudas arbitrales y decisiones favorables del VAR. Las expresiones “ArgenFIFA”, “Infantino quiere darle otra Copa a Messi” o “el Mundial está arreglado” volvieron a viralizarse, repitiendo teorías que ya habían circulado durante Qatar 2022. Sin embargo, esas acusaciones no desaparecieron cuando Argentina perdió la final. Lejos de modificar el discurso, la derrota abrió un nuevo frente, la discusión dejó de enfocarse en los arbitrajes y pasó a cuestionar la conducta del plantel argentino. 

Buena parte de la cobertura internacional puso el foco sobre los incidentes ocurridos tras el pitazo final, especialmente el cruce protagonizado por Leandro Paredes con Eric García y Gavi y la expulsión de Enzo Fernández. En muchos casos, esos episodios ocuparon más espacio que el desarrollo del partido. El cambio resulta llamativo, cuando Argentina ganaba, era acusada de hacerlo mediante ventajas ilegítimas; cuando perdió, el eje pasó a ser su incapacidad para aceptar la derrota.

Una cobertura internacional con más críticas que elogios

1.907 titulares publicados por 66 medios permitió aislar 186 notas internacionales dedicadas específicamente a la Selección Argentina después de la final. Los datos muestran un cambio respecto de las etapas anteriores del Mundial, el 49,5% de los títulos fue meramente informativo, el 16,7% favorable, el 12,9% mixto y el 21% claramente negativo. En otras palabras, más de uno de cada cinco titulares presentó una mirada abiertamente crítica hacia el equipo o su comportamiento.

Al sumar los artículos mixtos, prácticamente uno de cada tres textos incluyó algún cuestionamiento. Las principales críticas se concentraron en cuatro ejes: los incidentes posteriores al partido, la escasa producción ofensiva durante la final, la expulsión de Enzo Fernández y algunas decisiones tácticas de Lionel Scaloni.

En España, Marca habló de “la pelea tras el pitido final”, Mundo Deportivo tituló “¡Agresión de Paredes a Eric y Gavi!” y Sport afirmó que el mediocampista “perdió los papeles”. En Italia, Corriere dello Sport describió que “explotó la rabia de Argentina”, mientras que La Gazzetta dello Sport cuestionó decisiones de Lionel Scaloni. Desde Francia, L’Équipe calificó de “apatía argentina” el rendimiento en la final y remarcó que el equipo no registró remates al arco durante gran parte del encuentro. En Brasil, Globo Esporte destacó los récords negativos y difundió las burlas por el subcampeonato.

La prensa británica también publicó títulos duros, aunque en menor cantidad. The Telegraph resumió la final con la frase “Fútbol 1, criminales 0”, mientras que The Sun sostuvo que Argentina intentó convertir un partido de fútbol en “una pelea callejera”.

El mismo análisis muestra otra cara menos difundida, Lionel Messi fue uno de los futbolistas más elogiados por la prensa internacional. También recibieron reconocimiento Emiliano Martínez por haber disputado el torneo lesionado y Lionel Scaloni por el recorrido del equipo. Incluso jugadores españoles como Rodri destacaron públicamente que “Argentina es mucho más que Messi”, mientras distintas publicaciones reconocieron el nivel competitivo alcanzado por la Albiceleste durante todo el campeonato.

La cobertura, por lo tanto, estuvo lejos de ser uniforme, aunque los titulares más críticos fueron, precisamente, los que mayor circulación tuvieron en redes sociales.

Del fútbol a la identidad nacional

Imagen: Ámbito

En plataformas como X, Instagram, TikTok y YouTube empezaron a multiplicarse contenidos que ya no hablaban de penales, arbitrajes o rendimiento deportivo, sino directamente de la Argentina como país. Videos con millones de reproducciones comenzaron a instalar ideas como que Argentina sería “el país más racista del mundo”, “un refugio de nazis”, “el Israel de América Latina”, “un país supremacista blanco” o “una nación construida sobre el exterminio”.

Muchas de esas publicaciones simplifican procesos históricos extremadamente complejos, mezclan hechos reales con afirmaciones falsas o directamente reproducen teorías conspirativas sin evidencia.

También aparecieron comparaciones que equiparaban apoyar a Argentina con respaldar políticas discriminatorias, mientras distintos influencers de países que nunca habían mostrado interés por la realidad argentina comenzaron a producir contenido exclusivamente orientado a cuestionar su historia, su sociedad y su identidad. El cambio de escala resulta evidente y deja en claro que la Selección dejó de ser solamente un equipo de fútbol para convertirse en la representación de todos los argentinos.

¿Argentina es un país racista?

Como ocurre en prácticamente todas las sociedades, en Argentina existen expresiones de racismo, discriminación y xenofobia, negarlo sería desconocer una problemática real. Sin embargo, afirmar que se trata del “país más racista del mundo” constituye una simplificación imposible de sostener sin parámetros objetivos de comparación.

La historia argentina presenta características muy distintas a las de países que construyeron buena parte de su desarrollo económico sobre sistemas esclavistas masivos o políticas de segregación institucionalizadas durante décadas. Eso no elimina los desafíos pendientes en materia de discriminación, pero sí obliga a analizar los procesos históricos con mayor profundidad y sin reducirlos a consignas virales de pocos segundos.

Paradójicamente, muchas de las publicaciones que aseguran denunciar el racismo terminan reproduciendo estereotipos sobre los propios argentinos, describiéndolos como un grupo homogéneo, europeo, blanco, arrogante y culturalmente superior, una caricatura que desconoce la diversidad social y cultural del país.

El interrogante que permanece abierto

Imagen: El Doce TV

Todavía resulta temprano afirmar que detrás de este fenómeno exista una estrategia política, económica o geopolítica coordinada, no hay evidencias concluyentes que permitan sostener esa hipótesis.

Pero sí existen elementos que invitan a formular preguntas. ¿Por qué el volumen de críticas contra Argentina creció de manera tan acelerada en un período tan corto? ¿Por qué muchos discursos abandonaron el análisis futbolístico para cuestionar directamente la identidad del país? ¿Hasta qué punto la viralización del odio responde únicamente a incentivos económicos y de monetización? ¿Y por qué figuras internacionales que nunca habían mostrado interés por Argentina comenzaron a instalar definiciones tan contundentes sobre su historia y su sociedad? Son preguntas que todavía no tienen respuestas definitivas.