Un informe reveló que el acceso a los dispositivos es cada vez más temprano y reavivó el debate sobre su uso en las escuelas.
Un informe elaborado por Argentinos por la Educación reveló que el 59% de los estudiantes de tercer grado de primaria, es decir, de alrededor de ocho años, ya cuenta con un dispositivo propio. El estudio también analizó el impacto de las restricciones implementadas en distintas provincias y concluyó que, si bien disminuyen las distracciones durante las clases, no existe consenso sobre una mejora directa en el aprendizaje.
La investigación, titulada “Celulares: ¿prohibir o no prohibir?”, fue realizada por Andrea Goldin (Conicet y Universidad Torcuato Di Tella), Martín Nistal y Tomás Besada. El relevamiento utilizó datos del operativo Aprender 2024 y mostró que el acceso a los celulares es todavía mayor si se consideran los dispositivos compartidos con familiares; el 82% de los chicos de ocho años utiliza un teléfono, mientras que solo el 18% no tiene ningún tipo de acceso.
Más chicos acceden con celulares desde edades tempranas

Imagen: 24 horas
El informe expone que la presencia de celulares entre los estudiantes de primaria ya forma parte de la vida cotidiana. Sin embargo, también advierte que existen diferencias importantes entre provincias y niveles socioeconómicos. Santa Cruz, Catamarca y Tierra del Fuego registran los porcentajes más altos de alumnos con celular propio, superando el 65%. En el otro extremo aparecen Misiones y Formosa, donde la cifra ronda el 40%.
También se observaron diferencias económicas, mientras el 63% de los estudiantes pertenecientes al quintil de mayores ingresos tiene un dispositivo propio, el porcentaje baja al 52% entre quienes integran los sectores de menores recursos.
Los especialistas remarcaron que el acceso temprano a la tecnología plantea nuevos desafíos para las familias y las instituciones educativas, ya que muchas veces los niños utilizan estos dispositivos sin una supervisión constante sobre el contenido que consumen o el tiempo que permanecen frente a las pantallas.
¿Sirve prohibir el celular en la escuela?
Los investigadores señalaron que las medidas para limitar el uso de celulares logran reducir las distracciones durante las clases y disminuyen el tiempo que los estudiantes utilizan los dispositivos dentro del aula. También, aclararon que los resultados sobre el rendimiento académico continúan siendo contradictorios.
Según explicaron, una posible razón es que, al eliminar una fuente de distracción, los alumnos pueden reemplazarla por otras conductas que tampoco favorecen el aprendizaje. Por ese motivo, sostienen que las restricciones solo resultan efectivas cuando forman parte de una estrategia pedagógica más amplia y acompañada por docentes y familias.
Actualmente, Argentina no cuenta con una normativa nacional unificada sobre el uso de celulares en las escuelas. Al menos 11 jurisdicciones avanzaron con leyes, resoluciones o protocolos propios, mientras que el resto todavía no posee regulaciones específicas.
La provincia de Buenos Aires restringe el uso en primaria, Mendoza solo permite los dispositivos con fines pedagógicos y bajo supervisión docente, mientras que otras provincias dejan la decisión en manos de cada establecimiento educativo.
En el caso de Mar del Plata, las escuelas primarias de gestión municipal aplican regulaciones sobre el uso de celulares durante la jornada escolar, una medida que busca reducir las distracciones y promover un mejor clima de aprendizaje. No obstante, especialistas advierten que el verdadero desafío también pasa por el acompañamiento familiar y el control sobre el uso que los niños hacen de los dispositivos fuera del ámbito escolar.
El desafío también está fuera del aula

Imagen: Nosa Health Care
El sociólogo e investigador Alejandro Artopoulos consideró que estas restricciones reflejan una preocupación más amplia vinculada con la salud mental de niños y adolescentes. En ese sentido, sostuvo que el problema no se resuelve únicamente limitando el acceso a la tecnología, sino promoviendo estrategias de educación digital y bienestar emocional.
Por su parte, Lucía Fainboim, especialista en educación y cuidados digitales, manifestó su preocupación por la naturalización de que un niño de ocho años tenga un teléfono propio. Según explicó, las plataformas digitales buscan captar usuarios desde edades cada vez más tempranas, mientras que los adultos deben priorizar una infancia con espacios para el juego, la actividad física y las relaciones sociales.
En la misma línea, Melina Masnatta, especialista en tecnología educativa, afirmó que el desafío consiste en enseñar a utilizar la tecnología con criterios pedagógicos y no solamente discutir si debe prohibirse.
El informe también mostró que la preocupación alcanza a las propias familias. El 64% de los padres cuyos hijos utilizan dispositivos más de dos horas diarias considera que ese tiempo es excesivo. Además, el 44% aseguró que sus hijos pasan entre dos y cinco horas por día frente a pantallas, mientras que un 23,4% supera las cinco horas diarias, porcentajes que aumentan en la escuela secundaria.
