La pobreza volvió a subir en el inicio de 2026 y alcanzó al 31,9% de la población.

Tras la fuerte baja de 2025 que proclamaba el gobierno, el indicador de la UCA revirtió la tendencia en el primer trimestre y sumó unas 600.000 personas pobres.

La pobreza volvió a crecer en Argentina durante el primer trimestre de 2026 y marcó un cambio de tendencia luego de la mejora registrada según el gobierno durante buena parte de 2025. De acuerdo con el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 31,9% de la población vive bajo la línea de pobreza, lo que representa un incremento de un 1,7% respecto del cierre del año pasado y equivale a unas 600.000 personas que pasaron a esa condición.

El estudio advierte que el deterioro no implica un regreso a los niveles críticos de años anteriores, pero sí evidencia que el proceso de recuperación perdió fuerza y que persisten dificultades para sostener la mejora social.

¿Por qué se interrumpió la tendencia descendente?

El informe de la UCA señala que la caída de la pobreza observada durante 2025 encontró un freno en los primeros meses de este año. Tras varios trimestres consecutivos de mejora, el indicador volvió a crecer y dejó en evidencia que la recuperación económica todavía no alcanza de manera uniforme a todos los sectores.

Los especialistas remarcaron que el aumento era esperable debido a distintos factores que comenzaron a impactar de forma simultánea. Además, sostuvieron que la evolución del segundo semestre dependerá de que la actividad económica logre consolidarse y que el mercado laboral recupere dinamismo.

Las expectativas siguen siendo moderadamente optimistas, aunque el escenario aparece condicionado por la capacidad de sostener el crecimiento y mejorar los ingresos reales de la población.

Los seis factores que explican el deterioro

El informe identifica una serie de causas que explican por qué la pobreza volvió a crecer tras varios meses de descenso. Entre ellas aparecen la desaceleración en la creación de empleo, la persistencia de puestos laborales informales y de bajos ingresos, la pérdida de poder adquisitivo de algunos sectores, el menor ritmo de crecimiento económico, las dificultades que aún enfrentan los hogares más vulnerables para recuperar ingresos y un contexto en el que la mejora del consumo comenzó a mostrar señales de agotamiento.

Imagen: Caminos religiosos

Los especialistas aclaran que ninguno de estos factores por sí solo explica el incremento, sino que se trata del efecto conjunto de distintas variables económicas y laborales que afectaron especialmente a los sectores de menores recursos.

¿Cuáles son las regiones con los índices más elevados?

Los porcentajes más altos se registran en el Noreste (NEA) y el Noroeste (NOA), donde los niveles de vulnerabilidad social continúan ubicándose por encima del promedio nacional. Entre las provincias con mayores indicadores aparecen Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Corrientes y Salta, que desde hace años concentran algunos de los niveles de pobreza más elevados del país.

En contraste, la Ciudad de Buenos Aires y varias provincias de la región patagónica presentan los índices más bajos, aunque tampoco quedaron al margen del leve deterioro observado durante el primer trimestre.

La indigencia también mostró un leve incremento

Además de la pobreza, el estudio detectó una suba en la indigencia. El informe señala que más hogares volvieron a tener dificultades para cubrir la canasta básica alimentaria, una señal de que la mejora registrada durante 2025 perdió intensidad en los primeros meses del año.

Desde la UCA advirtieron que este comportamiento refleja que los sectores más vulnerables son los primeros en resentirse cuando la economía desacelera su ritmo de crecimiento o cuando los ingresos dejan de recuperarse frente al costo de vida.

Imagen: El País

El desafío de consolidar la recuperación

Los investigadores sostienen que el principal desafío pasa ahora por evitar que este aumento se transforme en una tendencia sostenida durante el resto del año. En ese sentido, consideran clave que continúe la recuperación de la actividad económica, que se generen empleos de calidad y que los salarios logren mantener su capacidad de compra. También destacan la importancia de fortalecer las oportunidades laborales para quienes hoy dependen de la informalidad o de ingresos insuficientes.

Si bien el nivel de pobreza continúa muy por debajo de los picos registrados en otros períodos recientes, la suba del primer trimestre funciona como una advertencia de que la recuperación social todavía no está consolidada y que cualquier desaceleración económica puede volver a impactar rápidamente sobre los hogares más vulnerables.