Los establecimientos de menor categoría atraviesan una situación crítica por la baja ocupación, los costos fijos y la pérdida de rentabilidad.
Mar del Plata atraviesa uno de los peores momentos recientes de su actividad turística y el impacto empieza a sentirse con mayor fuerza en los establecimientos de menor categoría. Los hoteles de una y dos estrellas enfrentan menos visitantes, tarifas que no alcanzan para compensar los gastos y costos laborales e impositivos cada vez más elevados.
Desde la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de Mar del Plata advierten que el problema dejó de ser coyuntural y que varios establecimientos ya buscan alternativas para mantenerse en funcionamiento. La situación es especialmente delicada fuera de los meses de verano, cuando la demanda se reduce todavía más.
Una temporada de invierno que sembró preocupación
Los números del turismo marplatense permiten dimensionar el problema. Durante las vacaciones de invierno de 2026 llegaron a la ciudad 303.876 visitantes, un 11,8% menos que en el mismo período del año pasado y un 19% por debajo de 2023.

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Pero el dato que más preocupa aparece al observar el acumulado. Entre enero y julio arribaron 4.882.711 turistas, la cifra más baja para ese período en los últimos 20 años, si se excluyen los años atravesados por la pandemia. En comparación con 2023, Mar del Plata perdió cerca de un millón de visitantes.
El retroceso también se reflejó en julio, que cerró con 510.569 turistas y se convirtió en el peor séptimo mes del año en 17 años, nuevamente sin considerar los períodos extraordinarios de 2020 y 2021. Para los hoteles más pequeños, esa caída tiene una consecuencia directa y es que cada vez se ocupan menos habitaciones.
“Solo pueden abrir durante enero y febrero”
Ariel Rubianes, vicepresidente segundo de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica, describió la situación como un “punto de inflexión y de supervivencia”. Según explicó, los establecimientos de una y dos estrellas “solo pueden abrir durante enero y febrero” debido a la falta de huéspedes y a la caída de las tarifas.
El empresario estimó que actualmente existen alrededor de 40 hoteles de una estrella y entre 150 y 170 establecimientos de dos y tres estrellas y advirtió que, si las condiciones actuales se mantienen, “un tercio quedará en el camino”.
El problema también está relacionado con cuánto pueden cobrar y cuánto necesitan gastar para mantener abiertas sus puertas. Rubianes señaló que una habitación doble en un hotel de dos estrellas tiene un valor promedio de entre 35.000 y 40.000 pesos, una cifra que obliga a alcanzar altos niveles de ocupación para afrontar salarios, impuestos y demás gastos.
La reconversión aparece como una salida, pero no para todos

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Ante la pérdida de rentabilidad, algunos propietarios comenzaron a analizar cambios en el uso de los establecimientos. Una de las alternativas fue la transformación de hoteles tradicionales en hostales, con habitaciones compartidas y una mayor cantidad de camas disponibles.
También hubo casos de edificios que intentaron reconvertirse en geriátricos, aunque la experiencia dejó en evidencia las dificultades de adaptar construcciones antiguas a otros usos. Rubianes explicó que muchos inmuebles no contaban con puertas suficientemente amplias para el paso de camillas o baños preparados para personas con movilidad reducida.
Por eso, la reconversión tampoco aparece como una solución universal. “No todos pueden por una cuestión de limitación edilicia, no es tan fácil”, explicó Betty Vázquez, propietaria de un hotel de dos estrellas ubicado en La Perla.
La falta de turismo, el principal agravante
Vázquez definió la actualidad del sector como un “padecimiento” y aseguró: “No hay turismo, estamos padeciendo violentamente”. En su caso decidió mantener abierto el establecimiento durante todo el año para evitar el deterioro del edificio y conservar el personal necesario para su funcionamiento. Para hacerlo, contó que debe recurrir a ahorros o aportar dinero proveniente de otras fuentes.
El panorama expone una problemática que excede a los propios empresarios hoteleros. La pérdida de visitantes afecta a una parte importante de la estructura económica vinculada al turismo, desde alojamientos y gastronomía hasta comercios y servicios.
Mientras Mar del Plata intenta recuperar competitividad frente a otros destinos y modificar los hábitos de quienes eligen dónde pasar sus vacaciones, los hoteles de menor categoría enfrentan una carrera contra el tiempo. Con menos huéspedes y costos que siguen siendo difíciles de absorber, para muchos propietarios la discusión ya no pasa por crecer, sino por encontrar la manera de permanecer abiertos.
