El salario pierde terreno frente a las tarifas: el gasto fijo que asfixia a los hogares.

El costo de los servicios creció muy por encima de los ingresos y dejó cada vez menos margen para afrontar vivienda, alimentos y otros gastos básicos.

Llegar a fin de mes se convirtió en una cuenta que empieza mucho antes de hacer las compras. Alquiler, luz, gas, agua, transporte, internet, telefonía y otros gastos fijos absorben una porción cada vez mayor de los ingresos y dejan un margen reducido para el resto del presupuesto familiar.

Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) puso números recientes a ese deterioro. Entre diciembre de 2022 y julio de 2026, los salarios aumentaron 795%, mientras que la inflación acumuló 925% y los servicios se incrementaron 1210%. Es decir, los gastos que difícilmente pueden postergarse avanzaron muy por encima de los ingresos. 

En tres años, las tarifas cambiaron el presupuesto familiar

El fenómeno ya había quedado expuesto en marzo, cuando un análisis publicado por Página 12 mostró la magnitud del incremento acumulado desde el comienzo de la gestión de Javier Milei. De acuerdo con ese relevamiento, los servicios habían aumentado 343% desde diciembre de 2023, mientras que los bienes habían subido 161%. El estudio advertía además que una canasta de servicios esenciales podía representar una proporción elevada de los ingresos de una familia. 

El dato resulta todavía más significativo cuando se observa su evolución en apenas un año. Para marzo de 2026, una estimación citada por Página 12 ubicaba en 87,3% la proporción del ingreso de un hogar destinada a una canasta de servicios, frente al 56,4% registrado un año antes. La medición contemplaba un hogar tipo compuesto por dos adultos y dos menores con dos salarios promedio del sector privado registrado. 

No significa que una familia destine todo ese porcentaje a las facturas de luz, gas o agua, se trata de una canasta más amplia que incluye distintos servicios y gastos esenciales que sirve para mostrar cómo cambió la estructura del presupuesto.

El alquiler aparece antes que la comida

A ese panorama hay que sumarle uno de los gastos más difíciles de evitar que es la vivienda. Para una persona o una familia que alquila, el sueldo comienza a reducirse apenas llega. Primero aparece el alquiler y, detrás, expensas, electricidad, gas, agua, transporte, conectividad y otros compromisos mensuales. Recién después queda el dinero disponible para alimentos, medicamentos, vestimenta, educación, recreación o cualquier imprevisto.

Imagen: Ámbito

Un relevamiento difundido en mayo por Bumeran mostró que el 87% de los trabajadores argentinos consideró que su salario no alcanzaba para cubrir las necesidades básicas y el 73% aseguró que el ingreso no le duraba más de dos semanas. La dificultad excede a cuánto aumentó cada factura y se traslada a cada vez más dinero del sueldo llega con un destino definido.

La comida se suma al compromiso de las familias

La comparación entre salarios y servicios permite dimensionar una parte del problema, pero deja afuera un gasto central como son los alimentos. Es decir, incluso después de asumir alquiler, servicios y transporte, todavía queda por resolver cuánto dinero queda para llenar la heladera. También aparecen gastos que no pueden planificarse con facilidad, como una reparación, una consulta médica, medicamentos o una deuda.

Imagen: Radio UNR

El IIEP de la UBA y el CONICET calculó que en julio de 2026 la canasta de servicios públicos representó alrededor del 15% de un salario promedio en el AMBA, una proporción que también viene aumentando. 

La diferencia entre ambas mediciones responde a que cada estudio utiliza hogares, ingresos y canastas diferentes. Sin embargo, todos apuntan a que los gastos fijos ganaron peso dentro del presupuesto y redujeron el ingreso disponible.

Un sueldo que llega cada vez con menos margen

La pregunta central es cuánto queda después de pagar aquello que no se puede dejar para el mes siguiente. Con el alquiler incorporado, el presupuesto familiar queda todavía más ajustado. Y cuando finalmente se llega al supermercado, la comida ya no se paga con el sueldo completo, sino con lo que sobrevivió a todos los gastos anteriores. Cobrar no significa disponer de todo el ingreso. Una parte cada vez mayor ya está comprometida antes de que el dinero llegue al bolsillo.