Argentina, la mejor selección del mundo en los momentos importantes.

Con dos victorias en tiempo extra y dos en los minutos de adición, el equipo de Scaloni llega a la final contra España con la sensación de ser un equipo imbatible.

La Selección Argentina se metió en una nueva final tras ganar un partido histórico ante Inglaterra. En otro partido más luchado que jugado, el equipo de Scaloni volvió a demostrar que hay un atributo “invisible” que lo llevó a ser animador de un Mundial una vez más y es la de ser capaces de concretar cuando “las papas queman”.

El 2-1 de ayer en Atlanta fue la continuación de cada mata-mata, desde dieciseisavos de final. A menos de 4 años de la final ante Francia, la Scaloneta se encuentra en la misma instancia. Aquella vez, el camino era floreado y no parecía haber selección en el mundo que fluya como Argentina. En este Mundial, ese juego vistoso se vio a duras penas, en algunos tramos aislados, pero ahí floreció la mayor fortaleza de la Selección que es su eficiencia en los tramos finales de cada encuentro.

Los últimos minutos, territorio albiceleste

En el básquet hay un término que define a la perfección este comportamiento de nuestra selección: el ‘clutch’. Este concepto se refiere a aquellos partidos en los que, a falta de unos pocos minutos, la diferencia en el marcador es mínima. Argentina volvió a demostrar que es un equipo ‘clutch’. En los partidos de eliminación directa del actual Mundial, Argentina apenas convirtió dos goles antes del minuto 79, mientras que marcó nueve desde ese momento hasta el final de los encuentros. La estadística resulta impactante porque refleja algo que ya perciben los rivales y es que cuando el reloj empieza a jugar en contra, el campeón del mundo muestra su mejor faceta.

Frente a Inglaterra, una vez más, ocurrió exactamente eso. El conjunto de Thomas Tuchel se puso en ventaja con Anthony Gordon y apostó a refugiarse cerca de su área. Argentina respondió haciéndose cargo de la pelota, con buenos centros desde el sector derecho que amenazaban el arco de Jordan Pickford.

A los 85 minutos, fue Lionel Messi quien decidió resignar la opción del centro para jugar por abajo con Enzo Fernández, que desde fuera del área dibujó una definición perfecta para el empate. Apenas unos minutos después, volvió a ser el capitán el asistidor, esta vez sí con un centro con el pie derecho para que Lautaro Martínez decretara el 2-1 definitivo de cabeza y desatara una celebración que quedará entre las más recordadas del ciclo Scaloni. 

Imagen: TN

Argentina, un equipo que nunca deja de creer

Más allá de las estadísticas, la explicación parece estar en una cuestión mental. Argentina tiene un plantel versátil que le permite sentirse cómodo con la pelota, sin ella, con ventaja en el marcador o con resultados adversos. Desde lo actitudinal, saca un plus y el rival puede notar como el equipo sigue atacando, mantiene la presión alta y obliga al rival a sostener un esfuerzo físico y psicológico enorme.

Tras la victoria contra Egipto, el combinado de Scaloni tenía cosas para mejorar, pero esos tres goles en una ráfaga de 12 minutos fueron un mensaje para las mejores selecciones del mundo. Para tumbar a Argentina, hay que tumbarla incontables veces. Porque, cuando parece que está todo perdido, la Selección saca a relucir su mejor versión. 

Imagen: La Nación

Las viejas críticas quedaron en el camino

Desde España, Marca calificó el duelo decisivo ante la Roja como “La final más bonita del mundo”, mientras que AS sostuvo que “Argentina siempre tiene una vida extra”, una definición que parece describir perfectamente a este equipo. Incluso en Inglaterra, donde primó la tristeza, los diarios reconocieron que la remontada fue producto de la insistencia argentina y del retroceso excesivo de los dirigidos por Thomas Tuchel. 

Durante los últimos años abundaron las descalificaciones hacia la Selección argentina. Desde quienes minimizaron el título de Qatar hasta quienes instalaron teorías sobre un supuesto “Mundial comprado”, con una supuesta intención del presidente de la FIFA, Giannis Infantino, de ver a Messi campeón mundial.

Sin embargo, el partido en Atlanta volvió a ofrecer una respuesta exclusivamente futbolística. Argentina eliminó a un rival de jerarquía, sin polémicas y únicamente con juego y amor propio.

Con este partido las polémicas quedaron atrás. Lo que permanece es un equipo que convirtió la resiliencia en su mayor virtud y que, mientras quede tiempo, cualquier rival tendrá que convivir con una certeza incómoda que asegura que contra Argentina, nunca alcanza con ir ganando.