Por Paula Cabrera
Desde que empezó el Mundial fuimos viendo cómo la ola de odio contra Argentina fue en aumento. Un país al que no conocen, jamás pisaron, dudosamente hayan visto en algún mapa, pero del que todos ahora tienen conocimiento. Y, sobre todo, más conocimiento que los propios argentinos.
Conocen su historia, su geografía, cómo está compuesta su sociedad, qué piensan sus habitantes, todo gracias a cientos de videos de TikTok que se viralizaron con información nunca chequeada, solamente inspirada en el odio y el deseo de ver sucumbir a un país que nunca se creyó inferior a nadie aunque, según los estatutos europeos de las potencias colonizadoras y el Primer Mundo, debería hacerlo.
¿Por qué molesta tanto Argentina? ¿Por qué se repite un discurso masivo de odio contra una nación que hasta hace dos días no sabían ni que existía? Las razones son desconocidas y las teorías conspirativas, excesivas, pero nadie puede dudar de que las acusaciones no son gratuitas e infundadas. Existe un motivo, o más de uno, y lejos está de lo futbolístico.
Es verdad que por ahí empezó todo, que los primeros ataques fueron hacia la Selección y sus supuestas ayudas arbitrales, el favoritismo de la FIFA y hasta las afirmaciones de que Argentina había comprado el Mundial, pero el trasfondo es mucho más profundo que un simple torneo de fútbol.

Imagen: CELAG
Argentina es mala, es el villano de época, es el país contra el que todos tienen que ir y si lo invaden, mejor. ¿Acaso nuestra independencia tendrá algo que ver? ¿Serán los recursos naturales de este suelo los que marcan la agenda? Hay que sacarle sus tierras a Argentina, entonces necesitamos que la odien para que no parezca que los malos son los otros.
Lo cierto es que pareciera que estamos solos. Ni los referentes del Gobierno, que aman tanto a la Argentina según sus propias palabras, salieron a ponerle un freno a las provocaciones y acusaciones desmedidas. El silencio hace eco mientras que el bombardeo no cesa. Hubo un solo momento durante estos 40 días en el que algunos mandatarios y exmandatarios se pronunciaron y justamente no fue para defender la soberanía nacional. Ni hace falta mencionar cuál fue.
Mientras nosotros nos peleamos con miles de desconocidos por redes sociales para defender lo nuestro, el Gobierno trata de pasar leyes para rematar el país. El discurso de odio les sirve porque, si hoy se tilda a Argentina de racista y xenófoba, mucho tienen que ver.

Imagen: Clarín
Lo cierto es que a las potencias colonizadoras les molesta la insolencia y el orgullo del argentino porque choca de frente con su teoría de cómo debería ser un país tercermundista: cabeza gacha, boca cerrada, respeto hacia los superiores.
Lamento decirles a todas esas personas que nunca van a ver eso de nosotros. Amamos a esta tierra, la adoramos y veneramos y, sobre todo, estamos orgullosos de quienes somos, con sus pros y sus contras. No echamos a los ingleses dos veces ni nos liberamos de los españoles para andar preguntándole al mundo qué podemos o no podemos sentir o de qué manera hacerlo. Si no les gusta, no vengan, no nos importa, pero mientras nos peguen siempre vamos a salir a defender los laureles que supimos conseguir.
“Los argentinos, de cualquier clase que sean, civilizados o ignorantes, tienen una alta conciencia de su valer como nación; todos los demás pueblos americanos les echan en cara esta vanidad, y se muestran ofendidos de su presunción y arrogancia. Creo que el cargo no es del todo infundado, y no me pesa de ello. ¡Ay del pueblo que no tiene fe en sí mismo! Para ése no se han hecho las grandes cosas.”
