La baja del consumo generó una ola de despidos y algunos trabajadores se animaron a comparar la situación actual con la crisis del 2001.
La caída del consumo de carne vacuna ya tiene consecuencias concretas en Mar del Plata. Entre frigoríficos, carnicerías y fábricas de chacinados, el sector acumula más de 50 despidos en los últimos meses, debido a la baja de ventas, el retroceso del poder adquisitivo y una demanda interna que no logra recuperarse.
La advertencia surge desde el Sindicato de la Carne local, su secretario general, Osvaldo Quiroga, describió un panorama crítico para la actividad. “Estamos como en el 2001”, aseguró en diálogo con 0223, al trazar un paralelismo con una de las etapas de mayor crisis económica y social del país.
Según la explicación de Quiroga, la problemática atraviesa a toda la cadena productiva, desde plantas frigoríficas hasta carnicerías barriales y empresas vinculadas a la elaboración de embutidos y chacinados. La disminución del consumo empieza a traer consecuencias como menos actividad y dificultades crecientes para sostener las fuentes laborales.
Menos carne en la mesa de los argentinos
El deterioro del consumo aparece como una de las principales causas del problema. Históricamente asociado a la identidad alimentaria argentina, el consumo de carne vacuna viene mostrando una tendencia descendente en medio de los aumentos de precios y la pérdida de capacidad de compra de los salarios.
En los hogares, el ajuste se siente cada vez con más fuerza. Las decisiones que toman muchas familias pasan por comprar menos cantidad, elegir cortes más económicos o reducir la frecuencia de consumo.
Los cambios de hábitos alcanzan especialmente a la clase media, que reordena gastos y redefine prioridades para llegar a fin de mes. La carne dejó de ocupar el lugar cotidiano que tuvo durante décadas y pasó a convertirse, para muchos sectores, en un consumo más esporádico, condicionado por el bolsillo.

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La clase media ajusta hábitos para sostener el presupuesto
La retracción en el consumo de carne forma parte de un proceso más amplio de reorganización del gasto familiar. En Mar del Plata, distintos relevamientos muestran que numerosos hogares modificaron sus pautas de compra frente al aumento del costo de vida. Las familias comparan precios, aprovechan promociones, reducen salidas y restringen compras consideradas antes habituales.
En ese nuevo esquema, la carne vacuna aparece entre los consumos más afectados. El encarecimiento del producto obliga a buscar alternativas más accesibles o a disminuir las cantidades compradas.
Para los trabajadores del sector cárnico, esta transformación del consumo tiene un correlato inmediato que representa menos ventas que implican menor movimiento económico y, en consecuencia, ajustes en las estructuras laborales.
Despidos, incertidumbre y un futuro sin señales de recuperación
Desde el sindicato advierten que la situación podría profundizarse si el mercado interno no muestra signos de recuperación. Los más de 50 despidos registrados hasta el momento generan preocupación en una actividad que depende en gran medida del consumo doméstico. La incertidumbre alcanza tanto a trabajadores como a pequeños comerciantes y empresas vinculadas a la producción y comercialización de carne.

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La comparación con 2001, lejos de ser una frase exagerada, busca reflejar la magnitud de la preocupación entre quienes viven de una industria históricamente ligada al mercado interno argentino.
En una ciudad donde el comercio y la industria alimenticia tienen fuerte peso económico, el retroceso del consumo de carne enciende alertas sobre el empleo, la actividad productiva y capacidad de recuperación en uno de los rubros emblemáticos del consumo nacional.
