Un nuevo informe de la UCIP arrojó que las ventas de marzo cayeron 4.6% con respecto al año pasado y crece la preocupación.
Las ventas minoristas volvieron a mostrar signos de debilidad en marzo, con una caída interanual cercana al 4,6%, según el relevamiento de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP). El dato confirma una tendencia que se arrastra desde hace meses y que refleja un consumo aún golpeado por la pérdida de poder adquisitivo.
En febrero, las ventas de las pymes ya habían registrado una baja del 5,6% interanual y acumulaban diez meses consecutivos en retroceso, de acuerdo con informes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
Aunque en algunos meses se observan leves repuntes respecto del período anterior, estos movimientos no alcanzan para revertir la caída general. El consumo se mantiene débil y esos repuntes son efímeros.
Consumo selectivo y prioridades básicas
Uno de los rasgos más notorios del actual contexto es el cambio en los hábitos de consumo. Las familias concentran sus compras en productos esenciales, como alimentos o artículos escolares, y postergan gastos considerados prescindibles.
Según los relevamientos sectoriales, esta conducta es visible en caídas generalizadas en la mayoría de los rubros, con excepciones puntuales. Incluso cuando aparecen promociones o planes de financiamiento, los comerciantes advierten que la demanda sigue siendo limitada.
El fenómeno responde, en gran medida, a la pérdida del poder adquisitivo y al encarecimiento de bienes y servicios. Como resultado, el consumo se vuelve más selectivo y las decisiones de compra se toman con mayor cautela.

Imagen: La Capital de Mar del Plata
Inflación moderada, pero todavía presente
En paralelo, el comportamiento de los precios sigue siendo un factor clave. Para marzo, las consultoras relevadas por el Banco Central estiman una inflación en torno al 3%, un nivel menor al de meses anteriores pero que se aleja del cero que promete el Gobierno nacional.
Ese dato encuentra un correlato en la inflación medida en la Ciudad de Buenos Aires, que también se ubicó en el 3% mensual, funcionando como una referencia anticipada de la tendencia nacional.
Si bien la desaceleración inflacionaria representa una señal positiva, todavía no logra manifestarse en una recuperación del consumo, ya que muchos productos aumentan más que la inflación y generan desajustes. La estabilidad de precios es vista como una condición necesaria, pero no suficiente, para impulsar la demanda.
Los comerciantes, invadidos por la incertidumbre

Imagen: Entre líneas
El impacto de este escenario se refleja directamente en los comercios. Muchos empresarios reportan márgenes de rentabilidad ajustados y dificultades para sostener el nivel de actividad. Los costos operativos (como tarifas, alquileres e impuestos) continúan en alza, lo que complica aún más la situación. Más de la mitad de los comerciantes considera que no es un buen momento para invertir.
Además, las expectativas a corto plazo son moderadas, ya que una parte importante del sector prevé estabilidad, mientras que otros mantienen dudas sobre una eventual recuperación.
¿Cuál es el panorama a futuro?
De cara a los próximos meses, el desempeño del consumo estará condicionado por dos variables centrales: la evolución de los salarios y la consolidación de la desaceleración inflacionaria.
Si bien algunos indicadores sugieren una posible estabilización, el comercio aún no muestra señales claras de recuperación. La mejora dependerá, en gran medida, de que los ingresos logren recomponerse y permitan reactivar la demanda interna.
Por ahora, el panorama sigue marcado por la prudencia. Las ventas continúan en baja, los consumidores priorizan lo esencial y los comerciantes enfrentan un contexto desafiante que todavía no encuentra un punto de inflexión claro.
