“No es progreso, es degradación”: crece el rechazo vecinal a los megaproyectos inmobiliarios.

Vecinos del Bosque Peralta Ramos vuelven a alzar la voz contra el silencio del Ejecutivo local frente a estos avances.

Una consigna vuelve a escucharse con fuerza en distintos barrios de Mar del Plata: “No es progreso, es degradación ambiental”. Esta vez, el foco está puesto en el Bosque Peralta Ramos, donde vecinos y organizaciones impulsan una junta de firmas para frenar la construcción de un barrio privado en una de las reservas naturales más valiosas de Mar del Plata. 

El conflicto, más allá de este reclamo, no se refiere únicamente a este caso puntual, sino que se da en un contexto de varios emprendimientos cuestionados que se multiplicaron en los últimos años, sobre todo desde la gestión Montenegro.

La iniciativa de los vecinos ya reunió miles de adhesiones en rechazo a un proyecto que avanzaría sin contar con una Declaración de Impacto Ambiental aprobada y afectaría directamente el ecosistema del bosque y el arroyo Corrientes. Los vecinos también advierten sobre la tala de árboles, la posible alteración del curso de agua y la privatización de un espacio natural que cumple funciones clave para la ciudad, como la regulación hídrica y climática.

El bosque Peralta Ramos y un patrón que se repite

Imagen: Info Brisas

Desde la organización vecinal sostienen que permitir un barrio privado en ese sector implica profundizar un modelo de urbanización que avanza sobre áreas protegidas y prioriza la renta inmobiliaria por sobre el interés colectivo y la identidad de las zonas naturales marplatenses.

El conflicto del Bosque Peralta Ramos no es un hecho aislado. En los últimos años, distintos proyectos despertaron resistencias similares. Uno de los casos más resonantes es el del balneario Luna Roja, ubicado en la zona sur, al que la Autoridad del Agua bonaerense le revocó permisos por incumplimientos en los controles ambientales. En el mismo sector, también se investigaron obras de barrios privados por su impacto sobre médanos, acantilados y el acuífero.

A estos antecedentes se suman otros emprendimientos polémicos como Cantera II y la gintonería del Faro, impulsado en un predio lindante a un ex centro clandestino de detención. 

El agua, una alarma constante

Uno de los ejes que atraviesa todas estas discusiones es el acceso al agua. Vecinos de distintos barrios advierten que el servicio presenta cortes frecuentes y problemas de presión, una situación que se vuelve crítica frente al avance de proyectos de gran escala. 

Los barrios privados, polos gastronómicos y desarrollos comerciales son grandes demandantes de volúmenes de agua en zonas donde el suministro es insuficiente. En este contexto, genera preocupación el anuncio de un mega polo comercial que se instalaría junto al supermercado COTO de avenida Jorge Newbery, frente al barrio Rumencó. 

Quienes viven en la zona alertan que esta innovación podría agravar aún más los problemas de abastecimiento y reclaman estudios serios que evalúen el impacto real sobre la infraestructura existente.

La gestión municipal actual y previa, bajo cuestionamiento

Imagen: Infobae

Estos reclamos recurrentes de las organizaciones vecinales tienen un blanco claro: Guillermo Montenegro. Durante su gestión, fue un gran impulsor de estas mega obras que miran para otro lado en tema permisos. Dentro de las opiniones más marcadas de los vecinos, se expresa que el Municipio ha actuado más como facilitador de negocios que como garante del interés público.

Los vecinos reclaman incansablemente un cambio de rumbo, que incluya garantías sobre los servicios esenciales y que no se destruya el patrimonio de la ciudad por un interés mercantil.

Un reclamo claro: garantizar los servicios básicos

Más allá de cada proyecto puntual, el reclamo de fondo apunta a discutir qué ciudad se está construyendo. Lejos de oponerse al crecimiento, las asambleas y organizaciones insisten en que el verdadero progreso debe ser compatible con el cuidado del ambiente, el acceso equitativo a los servicios básicos y el respeto por los espacios comunes.

La junta de firmas en el Bosque Peralta Ramos es una señal clara: cada vez más vecinos exigen ser escuchados antes de que la degradación ambiental se vuelva irreversible.