La crisis golpea a las panaderías: cayó el consumo y crecen los cierres.

Desde que asumió Javier Milei cerraron cerca de 2.850 panaderías en Argentina y unas 17.000 personas perdieron su trabajo, según entidades del sector.

La industria panadera atraviesa uno de los momentos más difíciles de los últimos años. La caída del consumo, el aumento de los costos de producción y las tarifas de los servicios públicos pusieron al sector en una situación crítica que ya provocó el cierre de cerca de 2.850 panaderías en todo el país desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, de acuerdo con datos difundidos por la Cámara de Industriales Panaderos Agrupados (CIPAN).

Cierres, despidos y ventas en mínimos históricos

En una entrevista dada a La Tecla, el titular de la Cámara de Industriales Panaderos Agrupados (CIPAN), Martín Pinto, describió un escenario que calificó como “insostenible”. “En estos dos años y medio bajó un 60% la venta de pan, en kilos, y un 85% la de facturas, sándwiches y otros productos”, sostuvo el dirigente.

Según explicó, las panaderías ya no logran sostenerse con los productos de mayor rentabilidad, como tortas, facturas o sándwiches de miga, porque son los primeros que las familias dejan de consumir cuando cae el poder adquisitivo. “La mayoría está trabajando exclusivamente a pedido. Para mantener las fuentes de trabajo y el local abierto, muchas trabajan a pérdida”, afirmó.

Pinto aseguró que unas 17.000 personas perdieron su empleo tras el cierre de casi 3.000 panaderías en todo el país y alertó que la situación podría agravarse si no mejora el nivel de consumo.

Uno de los datos que más preocupa al sector es el cambio en los hábitos de compra. Según relató el dirigente, hoy muchas panaderías reciben más personas que llegan a pedir pan que clientes dispuestos a comprarlo. “Viene más gente a pedir que a comprar”, aseguró durante la entrevista.

También señaló que los jubilados forman parte del grupo más afectado por la pérdida del poder adquisitivo. “Si un jubilado cobra menos de 400 mil pesos y una parte importante de ese ingreso se destina a medicamentos, termina resignando alimentos básicos como el pan”, expresó.

Y por último, responsabilizó a las políticas económicas del Gobierno nacional por la crisis que atraviesa el sector. El dirigente sostuvo que la caída del consumo y el incremento de los costos terminaron por desarticular la actividad panadera y aseguró que la situación superó incluso las previsiones que tenía antes del cambio de administración.

Además, recordó que durante la gestión anterior funcionaba la denominada Mesa del Pan como espacio de diálogo entre el Estado y el sector, y lamentó que esa herramienta dejara de existir. “La única solución es que este gobierno renuncie, que se vaya”, afirmó.

Mar del Plata también siente el impacto

Imagen: Perfil

Desde la Asociación de Industriales Panaderos advirtieron que el panorama local es “muy complejo” debido a la fuerte retracción del consumo y al incremento permanente de los costos. En diálogo con Extra 102.1, el representante de la entidad, José Mascaró, explicó que durante el último semestre las ventas registraron una caída muy marcada. “Bajó muchísimo el consumo, tanto de pan como de facturas y productos derivados”, indicó.

Según detalló, el consumo de pan cayó alrededor de un 60%, mientras que las facturas registran una baja todavía mayor porque dejaron de formar parte de las compras cotidianas. “Antes la gente consumía facturas todos los días; hoy, en muchos casos, solamente los fines de semana”, explicó.

Mascaró advirtió además que el número de panaderías abiertas no refleja necesariamente una buena situación del sector. “Muchas cierran la parte legal, dejan de vender al público, dejan de pagar impuestos y servicios y pasan a trabajar de manera clandestina para poder subsistir”, sostuvo.

Costos que no dejan de subir y precios difíciles de trasladar

Imagen: Cadena 3

Los industriales panaderos coinciden en que la combinación entre la caída del consumo y el incremento de los costos volvió prácticamente imposible sostener la rentabilidad. Mascaró explicó que la bolsa de harina pasó de costar alrededor de 9.000 pesos a fines del año pasado a ubicarse actualmente entre 17.000 y 19.000 pesos, según el molino. A ese incremento se suman los aumentos de margarinas, dulce de leche, mermeladas, pulpas, además de los fuertes incrementos en las tarifas de gas, electricidad y agua.

Los comerciantes aseguran que intentan evitar aumentos bruscos para no perder aún más ventas. “Tratamos de sostener los precios durante tres o cuatro meses. Cuando hacemos algún ajuste es del 4 o 5 por ciento y acompañamos con promociones”, explicó Mascaró.

Martín Pinto coincidió con ese diagnóstico y sostuvo que las tarifas de los servicios crecieron muy por encima del precio del pan. “Nosotros aumentamos entre un 120 y un 180% en estos dos años y medio, pero la luz y el gas aumentaron cerca de un 800%. Así es imposible sostener un negocio”, afirmó. Incluso señaló que muchas panaderías necesitan aumentar el precio del pan para cubrir costos, aunque no pueden hacerlo porque eso implicaría vender todavía menos.

Un problema que atraviesa a todo el país

El panorama excede a Mar del Plata, comerciantes de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires y del interior coinciden en que el consumo cambió drásticamente. En Villa Elvira, La Plata, donde el kilo de pan se vende a valores considerablemente inferiores a los registrados en la Ciudad de Buenos Aires, la propietaria de una panadería relató que las ventas se redujeron a la mitad.

“Muchos compran cuatro bollitos, dos flautitas o tres figacitas. Ya ni siquiera llevan medio kilo de pan”, explicó Tamara Gutiérrez Núñez. La comerciante contó además que debió cerrar uno de sus dos maxikioscos y reorganizar el trabajo junto a su esposo para sostener el negocio sin incorporar empleados.

Desde las cámaras panaderas advierten que situaciones similares se repiten en distintos puntos del país, especialmente en provincias como Chaco, Formosa y Corrientes, donde también se reportan cierres de comercios y dificultades para sostener la actividad.