Adiós al Indio Solari: un legado a la vida, la música y las ideas que abrazan al pueblo.

La noticia sacudió y caló hondo en el pecho de varias generaciones. A los 77 años, Carlos Alberto «El Indio» Solari falleció en su casa de Parque Leloir. En el último tiempo el Indio padecía mal de Parkinson, una afección que lo había alejado de los escenarios. La partida del cantante, compositor y líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota abre un vacío imposible de llenar. 

El Indio fue mucho más que un músico de rock, representó una trinchera contracultural, un refugio ético y estético que terminó por convertirse en el movimiento social más grande y fiel de la historia argentina.

La fuerza de las ideas y la ética de la independencia

Desde sus inicios en La Plata en los años 70 hasta las misas multitudinarias, el Indio Solari construyó su camino bajo la autogestión. En una industria musical diseñada para amoldar a las figuras a los requerimientos del mercado, el Indio prefirió sostener los hilos de su propio destino artístico junto a Skay Beilinson y la «Negra» Poli.

Esa postura dejaba en claro una profunda declaración ideológica. El Indio le enseñó a su público que se podía ser masivo sin vender el alma, que el éxito no requería de la aprobación de los grandes monopolios ni de la exposición televisiva constante. Su voz se convirtió en el faro de los postergados, de los pibes de los barrios que encontraron en sus letras crípticas, poéticas y filosas una forma de descifrar la realidad social y política de un país complejo.

«A mí me interesa la dignidad humana, no la caridad», supo decir el Indio en una de sus tantas intervenciones públicas, sintetizando una postura a la que siempre fue fiel. Sus canciones miraron de frente a las crisis, cuestionaron los discursos del poder y cobijaron a las mayorías en épocas de desamparo colectivo.

El pogo más grande del mundo como refugio social

Imagen: Canal12web

Con la disolución de Los Redondos en 2001 y el nacimiento de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, el fenómeno siguió más vigente que nunca y desafió todos los pronósticos. Las «misas ricoteras» mutaron en peregrinaciones federales que congregaron a más de 150.000 personas en ciudades como Tandil, San Martín de Mendoza o Gualeguaychú.

Esas multitudes iban a escuchar la música del Indio, pero también iban a encontrarse con sus pares, a habitar un territorio donde la solidaridad y la hermandad eran la única ley vigente. El Indio Solari logró que el rock nacional fuera una experiencia comunitaria colectiva, una identidad que se transmitía de padres a hijos.

Su batalla de los últimos años contra el Parkinson («el míster», como él lo llamaba) demostró una vez más la fortaleza de su espíritu. Aunque tuvo que despedirse de los escenarios físicos, su mente siguió pariendo arte, libros, pinturas y música digital, demostrando que las ideas no se jubilan ni se apagan.Hoy nos toca decirle adiós al hombre de las gafas oscuras y la voz imponente, pero su legado queda intacto en todas las personas que seguirán cantando sus himnos. Su obra, su postura inquebrantable y su mística ya se volvieron parte del ADN argentino. Como él mismo inmortalizó en una de sus frases más célebres: «Fijate de qué lado de la mecha te encontrás». Él eligió el suyo y de ahí no se moverá jamás. Hasta siempre, y muchas pero muchas gracias.